miércoles, 23 de marzo de 2011

DEDICATORIA

ESTE ANECDOTARIO ADEMÁS DE MI VIAJE SE LO DEDICO A LA PERSONITA MAS LINDA DE ESTE PLANETA.


DESDE SU BARACOA CON LOS CABELLOS CRESPOS RUBIOS, OJOS AVELLANADOS, PIEL DORADA POR EL CALOR CUBANO,  DE MIRADA CURIOSA Y CON CARISMA TIPICO DE LA TIERRA QUE LO VIO NACER, AUNQUE CON LA GALLARDIA QUE CARACTERIZA TAMBIEN LA TIERRA DE SU PADRE.


SE LO DEDICO CON MUCHO AMOR A MI BELLO HIJO RICARDITO, MI CANCHITO DE ORO.


TE AMO PAPITO, MI LUCHA ES POR TI MI AMOR.

BOGOTA FIN DE LA RUTA



Hace mucho tiempo no escribía lo que debería ser el capítulo final de este anecdotario, quizá no quería aceptar que el viaje había terminado y que tocaba ya estar en la dura realidad de ser un inmigrante mas.

Aquel día llegué sin ningún problema al aeropuerto el Dorado de Bogotá no era la idea llegar en avión pero mi amigo Hamel me costeó el boleto y  ni modo de reclamarle su generosidad. En realidad debo agradecer mucho tanto a él como a su familia todas las atenciones que allá tuve, es más aprovecho este espacio para hacer fehaciente ese agradecimiento, siempre lo llevaré en mi corazón y se posará en mi mente como uno de los recuerdos más bellos de una amistad sin tiempo.

Como decía al llegar a Bogotá las dos personas que me estaban "esperando" no aparecían en ningún lado y es que no eran dos personas cualquiera era mi novia y mi mejor amiga. No entendía por qué razón no estaban hasta que di unos pasos y vi que venían corriendo, las preciosas olvidaron por un momento que venían a recibirme a mí y se fueron al sector de llegadas internacionales a recibir a Paramore un grupo de rock de moda entre los jóvenes. Cuando de momento vi que venía Nelly mi novia primero corriendo y un poco más atrás venía  Karina la pequeña más carismática que me animo a decir que tiene Bogotá. Ver a Nelly fue algo bonito tenía 3 meses de no verla y sentir sus flacos brazos rodearme fue una experiencia indescriptible es de esas cosas que solo se sienten y no tienen traducción en palabras, me abrazo la vi a los ojos buscando si existía ese mismo brillo en sus ojos como la última vez que la vi y descubrí con alegría que aun estaba allí intacto y sentí un gran alivio, mi bella aun me amaba igual. 
Ver a Karina para mi representaba también una alegría enorme no hubo nadie además de Nelly que estuviera más pendiente de mi viaje, ella además que se convirtió junto con Marthica las fans favoritas de mis humildes escritos. Con Karina el vinculo es largo data de más de 7 años desde que vi a aquella chaparrita y en ese entonces gordita lavando platos en Camagüey y posteriormente en Santa Clara donde se fundió nuestras vidas en una bella amistad.
 Luego del efusivo reencuentro y no sin antes hasta yo esperar el arribo de Paramore quien a decir verdad no sabía ni remotamente que existían nos fuimos al Centro Comercial "La Gran estación" a beber sendos vasos de cerveza de barril, deliciosa por cierto sabían literalmente a gloria, eran como la recompensa de un viaje cansado pero de enriquecimiento personal sin precedentes. 

A la que más llevo en mi mente en este momento es a Nora, la señora de la que hablé en el capítulo de "Nora la Soñadora" imagino y puedo oler lo que ella sintió al bajar de ese bus en Costa Rica, y aquí estoy yo dos fronteras más adelante en la misma circunstancia. El difícil sentimiento de un inmigrante lo llevo en la sangre y aunque mi éxodo no fue ni la centésima parte de un inmigrante al norte he podido sentir en carne propia la revolución de sentimientos que emigrar hace florecer.

Termina este anecdotario aquí,  pero no dejaré de escribir no se en que trinchera será pero la manifestación escrita es mi pasión y de alguna manera estará presente en mi vida,  preparo algo para que todos puedan leer a los que le ha gustado mi forma de ver la vida les agradará mi nuevo giro narrativo.

Quiero agradecer enormemente a todas las personas que tuvieron a bien leerme durante todo mi viaje, en espacial a Harold, Mayra, Marce, Juliana, Karina, Marthica, Nelly, Dulce, mi hermanito Rudy, Diani, Mario, Liz por solo mencionar los que me comentaron algo pero extiendo mi agradecimiento a todos los que se tomaron el tiempo de leer aunque sea un par de capítulos, para todos ustedes un abrazo enorme y la promesa de seguir con esta iniciativa de la narrativa. 
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

César Ricardo Cano Lemus

martes, 1 de marzo de 2011

PROSA A MI CUBA








Estar en Valledupar hace que vengan a mí recuerdos de mi bella isla y quiero aprovechar la oportunidad para postearles una pequeña prosa que le dediqué a Cuba hace algunos meses:


Mulata noche de rocío persistente. Frío consecuente con el sentimiento de mi alma, añoranzas de un ayer casi tan selvático como mis recuerdos. Llega a mí, inspiración, procedente de antillanas tierras  protagonista de mis más lindos recuerdos. El olor a tabaco prodigioso y el sabor del ron insuperable, derivado de la caña de azúcar plantada en mi bello caimán, son los elementos que aunque ahora solo los imagino son la mecha persistente de palabras de amor a la tierra donde fueron expedidos.           
Nunca pensé siquiera la posibilidad de un dolor placentero, pero a la vez que escucho un bolero el masoquismo es inminente ante la visualización ante mí de la alameda santiaguera, el bulevar santaclareño, las palmas baracoesas o el obligadamente mencionado por su belleza: malecón habanero. Prosa justificada, delirante, autóctona de mi agradecimiento por la hospitalidad de un pueblo luchador y alegre, persistente, necio y vencedor natural.  ¿Cómo justifico este sentimiento? ¿Cómo mi sangre maya justifica amor al caribe? Las justificaciones son de culpables y ciertamente lo soy, por esa razón la explicación es una obligación: Lo justifica noches de tristezas foráneas al cobijo del calor humano de personas inhóspitas y extrañas pero benévolas e irremediablemente queridas. Seres culpables de mi embriagante tristeza y añoranza de tierras que aunque no me vieron nacer me reclaman. “¿Cómo fue? No sé decirte como fue”… escucho al Benny mientras me transporto de nuevo a épocas que aunque no volverán no se han ido porque las llevo presas en mi corazón. Este breve desahogo era obligatorio para liberar en parte mi impaciencia, la impaciencia de poder estar allá de nuevo, volando en los placeres de quien dijo alguna vez que nunca fueron más lindas las costas extranjeras como cuando uno vuelve a la patria.