DIA UNO (Arribo a Playón Chico)
La brisa del mar me da en la frente, aunque fuera de contexto totalmente escucho: “My heart will go on”. Estoy en la plaza central de Playón Chico en la Comarca Kuna Yala. Debo explicar cómo llegue aquí.
Anoche no pude dormir casi absolutamente nada, estaba muy nervioso se me atravesó muchas veces por la mente durante la noche cancelar el vuelo a Playón Chico y ver otras variantes, pero en realidad hasta ese momento no sabía ningún otra variante. Tuve diarrea, la preocupación no me dejaba dormir, créanme que decir las cosas es mil veces más fácil que hacerlas. Tempestuosamente llegaron las 4:00 AM y tuve que levantarme, Anael ya se había levantado y ya no había forma de hacerse para atrás… me fui al aeropuerto. Cogí el único avión el cual salió a las 6:00 AM. Despedí la Ciudad de Panamá la cual aun dormía, de a poco el pequeño avión en donde íbamos 15 pasajeros empezó a dejar la selva de cemento para adentrarse en la espesa selva verde. Desde la ventanilla veía como iban desapareciendo las últimas casas hasta que de pronto solo tuve debajo de mi vista una enorme alfombra verde, únicamente franqueada por pequeños ríos, este panorama no fue diferente la siguiente media hora hasta que el avión descendió en el esperado lugar. De los 15 pasajeros habían: 4 argentinos que iban a hospedarse en un hotel exclusivo que hay por playón Chico, un documentalista de National Geografic, 9 nativos Kuna Yala y al parecer el único guatemalteco que se tenga datos recientemente, según el dueño de la única tienda quien lleva 25 años de atenderla me dijo que nunca había visto a un guatemalteco, de hecho no sabía ni donde quedaba. Al salir del avión los 4 turistas argentinos se fueron junto con el documentalista al lujoso hotel que queda a un costado de Playón Chico, en otra isla, manifestando de esta manera la incipiente explotación hotelera en la zona Kuna, además claro de la usurpación de su territorio y la maldita exclusión y marginación.
Me quedé solo con los demás pasajeros que de a poco se fueron dispersando por sus conocidas laderas.
Caminé hacia un pequeño puente ubicado al lado de la pista de aterrizaje que comunica a la isla donde está el poblado de no más de mil habitantes. Al terminar el puente un oficial guardafronteras me pregunto que a donde me dirigía y yo sinceramente le indiqué que no sabía que lo que yo quería era ir a Puerto Obaldía, me dijo que eso quedaba muy lejos y que hacía 3 días que no pasaba nada para hallá. En ese momento quise correr atrás del avión para regresar pero solo lo pensé, mis pies se quedaron firmes en el lugar donde estaban. Al salir quise pensar que habría más mochileros por aquí pero soy el único ente perdido en esta selva caribeña. Sin embargo de a poco me fui soltando con los habitantes, mis primeros amigos los mismos guardias me brindaron todo el apoyo, me dejaron guardar mis cosas allí.
El caserío está de fiesta, hoy se celebran 86 años de la Revolución Kuna que puso fin a la opresión policial que había en el sector hacia el año 1925, la cual los obligaba a no poder usar sus trajes, ni su lengua nativa, a dar grandes tributos y ser maltratados física y emocionalmente.
Hubo toda una representación de la heroica acción de hace tres cuartos de siglo. Me causó asombro ver que en su bandera de lucha la cual está compuesta por tres franjas horizontales dos rojas y una amarilla en medio anidaba en el centro una esvástica, pero el profesor de la zona me explico que no tenía nada que ver con el movimiento nazi puesto que ese símbolo fue colocado en la bandera en 1924, año en que no se popularizaba este símbolo aun con el movimiento fascista alemán; es más bien un simbolismo de dos brazos cruzados simbolizando unión de lucha entre todos los hermanos Kuna.
Por la tarde conocí a Jorge, capitán de la pequeña embarcación mercante colombiana “Maranatha”, esta junto a otras muchas embarcaciones colombianas se encargan de abastecer la zona de granos básicos, así como artículos de primera necesidad, una parte las cambian por cocos y lo otro lo dejan a crédito en las pequeñas tiendas de los comerciantes de cada población y cuando vienen de regreso hacia Cartagena pasan cobrando lo dado al crédito. Jorge se fue por el medio día, llevaba ya 3 días aquí, no me dejo mucha seguridad de si sabía si alguna embarcación llegaría después. Horas más tarde llegaron dos embarcaciones colombianas mas y una panameña, en una de las colombianas venía un anciano brasilero que anda de mochilero también, casualmente habíamos coincidido en el bus de Costa Rica a Panamá. Jorge es colombiano y como es típico dentro de ellos muy buena gente, me preguntó que si ya había comido y diciendo eso ya me tenía un plato de comida servido, arroz blanco con dos alitas de pollo que me supieron a gloria, de eso si no me puedo quejar, de la comida, pues en la cena mis anfitriones policiales me invitaron a cenar un rico arroz blanco con caracol y lentejas. No le atribuyo esto a la casualidad o a la suerte porque sé que es obra de Dios que está conmigo y él es quien me cuida. Además de todas esas bondades alimenticias los guardias me ofrecieron una hamaca para dormir en el puesto de mando.
Por la tarde hablé también con Marcial, Capitán de otro barco panameño, me contó que estuvo por dos meses en Guatemala y que era la ciudad de Centroamérica que más le gustaba, obviamente es bonito oír esas palabras del lugar que te vio nacer, me habló de muchas cosas de la vida, muchos puntos de vista que jamás había analizado, es esto precisamente lo que buscaba en mi viaje, abrir mi mente. El mundo tiene tantos puntos de vista como personas que lo habitan y entre más puntos de vistas conoces mas sabias se vuelven tus decisiones.
Cayó la noche y ahora estoy con una “Balboa” bien fría, con la brisa del mar en la cara y sobre mi cabeza hay un cielo espectacular, estrellado a mas no poder aquí en Playón Chico no hay electricidad y la oscuridad hace que se luzcan hasta las estrellas mas tímidas.
No queda más que descansar y ver que nos deparará el destino para mañana.
DIA DOS (Sigo en Playón Chico)
Sigo en el mismo lugar, sin esperanzas de salir de aquí. No hay mucho que contar el día de hoy, no he hecho nada mas que leer y leer al lado del muelle, el sol sigue tostándome la piel como si fuera una grano de café. La desolación empieza a recorrer todas mi venas, pero no me voy a devolver a Panamá eso si que no, salí con un objetivo y lo voy a cumplir.
Espero mañana tenerles mejores noticias….
DIA TRES (CALEDONIA)
Ya no somos dos los perdidos en el caribe panameño, somos ahora siete. Me encuentro en una hamaca ubicada dentro de una cabaña que está suspendida literalmente sobre el mar, puedo escuchar el vaivén del agua jugueteando debajo de mi espalda, como estoy dentro de una cabaña no siento la brisa. A lo lejos escucho los rugidos del mar abierto vociferándose maliciosamente con la barrera coralina que sirve de rompe olas natural a la isla de Caledonia.
A mi lado inicia el ronquido de un colombiano y 4 personas mas duermen plácidamente, 3 franceses y un chileno.
Nunca imaginé en la mañana estar aquí y con esta compañía. Me desperté como a las 5:00 AM, pernocté en el puesto de mando de Playón Chico, los dos guardias amigos me prestaron un colchón y dormí plácidamente debajo del portal de la comisaría. Mi despertador fueron los gritos de los pescadores que salían del lugar listos a cumplir la misión diaria de llevar la comida a la mesa. Aunque en primera instancia protesté, después agradecía ese levantón pues caminé sobre el puente para ubicarme en la mitad y ver como frente a mí empezaba su jornada laboral occidental el rubio astro dador de vida, este fue otro espectáculo sin precedente, pareciera que llegara a otro mundo o que viviera una vida paralela, todo aquí es hermosamente nuevo.
Empezaba de esta manera otro día en la tranquilidad de la comunidad indígena panameña. Ayer esperaba un barco hacia el sur que nunca llegó y hacia la media mañana de hoy aun no llegaba tampoco. Lo que si llegó afortunadamente fue el desayuno pues Bebo uno de los guardias me brindo café recién hervido junto con tres frituras de harina de maíz y un poco de jamón con salsa de tomate, empezaba el día de buena manera junto a la solidaridad de mi nuevo amigo. Siguieron los actos por la conmemoración del aniversario, aquí se dice que son diferentes a los de ayer pero en esencia es lo mismo: jóvenes disfrazados de guerreros de principios de siglo simulando la batalla contra las fuerzas fascistas policiales.
Conversé ampliamente con la tripulación de los mercaderes colombianos, me hacían cuentos de su hogar: “La isla Fuerte” ubicada a media hora de las costas cartageneras. Los nativos llegan como desfilando a venderles los cocos o a comprar de todo tipo de mercancías. Los colombianos hoy además de la comida también improvisaron una tienda y vendían ropa interior, escobas, recogedores y hasta discos de películas.
En la pura esperadera de un barco nos dio el medio día, ya Bebo me había llamado para deleitar mi paladar con una sopa de pulpo con yuca y plátano verde, me hizo recordar las caldosas de Cuba por su consistencia.
Pasado el medio día llegó una lancha, rápidamente me precipité al muelle, pero lamentablemente su ruta era la contraria a la que yo iba, me estaba entrando ya la desesperación, no es que no me sienta a gusto en este lugar pero mi espíritu nómada ya me sugería que era hora de partir, pero en estos parajes mi instinto debe relajarse y cooperar ya que la transportación es irregular e impredecible.
Al filo de las 3:00 PM cuando estaba enfrascado en un férreo debate sobre la injustica en los precios de los botes, recibí un llamado de Ramón el otro guardia, este me indicaba que divisaba una lancha, de las escasas embarcaciones de pasaje que presumiblemente atracaría en el muelle de Playón Chico. En efecto atraco allí y dejó dos pasajeros la misma cantidad de personas que deseábamos salir de allí. Nos indicó el lanchero que se dirigía a Caledonia, la última de las islas antes de llegar a Puerto Obaldía, sin dudarlo salté hacia adentro de la embarcación. Adentro venían los 3 franceses y el chileno además de dos señoras y sus hijos que se dirigían a Tupiales (la siguiente isla).
Cuando el motor encendió y empezó el recorrido por el mar, la adrenalina se me subió al máximo después de dos días estaba tomando forma el camino hacia Colombia, la última frontera pero también la más necia se podía olfatear ya.
Dos franceses venían juntos, una muchacha y su tío (muy joven también) y la otra muchacha de Francia venía con el novio, un chileno.
Con los primeros en seguida hice amistad pues ella reside en Guatemala hace tres años y su español es muy chapín. Los otros también se veían buena gente más la comunicación no era tan fluida, bueno a decir verdad la actitud del chileno no me agradaba para nada, tiene 20 años y cree que ya conoce de memoria toda la comarca y ni siquiera había llegado antes a esta región, además habló de forma despectiva del Che razón suficiente para que no me agrade nadie.
Conforme fue pasando el camino fui enterándome de interioridades de los compañeros de viaje; tengo la impresión aunque no puedo asegurar que el brasilero no es ningún evangelista, sospecho que es más bien una persona que aprovecha este discurso del evangelio para ganarse favores entre los creyentes de las islas y no pagar ni comida ni donde dormir. El colombiano, el chileno y la novia no tenían ni un solo centavo además su pasaje a Caledonia y los otros dos franceses hasta el momento no tengo queja ni suposiciones de ningún tipo.
La lanchaba avanzaba de manera rápida e inquieta, por momentos tuvo que ir despacio pues las olas eran grandísimas y parecía que dábamos vuelta. Más de una vez mire que tan lejos estaba la costa por si me tocaba nadar hasta ella. El atardecer fue un regalo de Dios, algunas veces he estado en la playa y he esperado ver como el sol se esconde en el mar, pero nunca había estado en la posición contraria, ver el atardecer desde el mar hacia la costa y esta primera vez fue digna de un cuadro: Las olas retozaban enfrente de nosotros, mas allá se veía la arena blanca contrastar con el espeso verde de la selva y conforme mas se alejaba de la vista la selva tomaba colores más azulados ladera tras ladera para finalizar con un sinfín de tonalidades naranjas que emanaban de un núcleo rojizo y redondo, era el solo que parecía como si se fuera apagando conforme se escondía detrás de la última ladera.
Ya entrada la noche llegamos a Caledonia, los tres compañeros ya mencionados no tienen ni donde caer muertos y por solidaridad todos decidimos permanecer juntos, el único que cobardemente desapareció fue el brasilero, salió en busca de la iglesia más cercana y sus compañeros de los cuales sabía que no tenían dinero ni se acordó demostrando de esta forma su oportunismo religioso. Solicitamos hablar con el Ceilán (cacique) para que nos diera un lugar donde poder armas unas carpas pero nos dijeron que en ese lugar no era permitido ubicar carpas que había que pagar la cabaña y que eran 5 usd por persona, se trató de explicarle la situación al Ceilán pero fue en vano, el decía que la única forma era pagar o ellos iban a quitar el equipaje, entonces decidí pagar el mío y el del colombiano y los dos franceses pagaron el del chileno y su novia.
El problema ahora era cómo íbamos a salir mañana, la lancha cobra 175 usd y los otros franceses solo tienen 50 usd. Todos aseguran tener dinero en sus respectivas tarjetas de crédito pero aquí ni conocen que es la luz eléctrica mucho menso un cajero electrónico. Resolví prestarles el dinero a los que no tenían el dinero con la promesa de que cancelarían su deuda en Puerto Obaldía, done presumimos deba haber cajero.
Así termino el día de hoy, jornada llena de inesperadas situaciones pero que es lo que hace de este viaje algo emocionante. Mañana seguramente vendrán cosas nuevas.
DIA CUATRO (Puerto Obaldía y justicia al brasilero)
El de pie oficial fue a las 6:00 AM aunque yo estaba despierto desde las 5:00 AM fui el primero en irme a bañar luego ya me tocó esperar a los demás.
Luego nos dirigimos al muelle y por el camino yo propuse que si el brasilero quería ir debería cancelar 5 usd más puesto que su conducta no había sido solidaria el día anterior, todos estuvieron de acuerdo. Llegamos al muelle, el lanchero ya estaba preparando todas las condiciones para partir. Casi cuando nos disponíamos a partir llegó el Jorge el brasilero y le dijimos del nuevo precio a cancelar, se molestó mucho y se fue, nadie lo rogó salimos de Caledonia dejándolo allí, justo castigo por su mala conducta y poca actitud de compañerismo, deberá sorteárselas para salir de allí.
Después de un camino de hora y media en lancha llegamos a Puerto Obaldía, la tan ansiada última parada de la comarca Kuna Yala aunque este lugar fronterizo no tiene casi ningún indígena Kuna.
Bajamos de la lancha y nos recibieron un par de carteles invitándonos a desmovilizarnos, nos invitaban a ya no ser “narcoguerrilleros” debieron cambiar esa palabra por “narcoparacos” que en definitiva son los que se encuentran más documentados sobre abusos a los derechos humanos y actividades ilícitas relacionadas con la droga.
Chequeamos migración y ya una lancha nos esperaba para salir de la comarca y de Panamá.
Fueron días aunque difíciles muy interesante, compartidos con comunidades aisladas completamente de las costumbres occidentales. Los kunas no tienen el chip programador de conductas de consumo desenfrenados, su vida se basa en la riqueza del espíritu y no en la acumulación monetaria como forma de vida. Sus relaciones de producción, distribución y consumo son un eslabón evolutivo más por encima de nuestras “moderna” forma de vida basada en la explotación del hombre por el hombre.