Hace mucho tiempo no escribía lo que debería ser el capítulo final de este anecdotario, quizá no quería aceptar que el viaje había terminado y que tocaba ya estar en la dura realidad de ser un inmigrante mas.
Aquel día llegué sin ningún problema al aeropuerto el Dorado de Bogotá no era la idea llegar en avión pero mi amigo Hamel me costeó el boleto y ni modo de reclamarle su generosidad. En realidad debo agradecer mucho tanto a él como a su familia todas las atenciones que allá tuve, es más aprovecho este espacio para hacer fehaciente ese agradecimiento, siempre lo llevaré en mi corazón y se posará en mi mente como uno de los recuerdos más bellos de una amistad sin tiempo.
Como decía al llegar a Bogotá las dos personas que me estaban "esperando" no aparecían en ningún lado y es que no eran dos personas cualquiera era mi novia y mi mejor amiga. No entendía por qué razón no estaban hasta que di unos pasos y vi que venían corriendo, las preciosas olvidaron por un momento que venían a recibirme a mí y se fueron al sector de llegadas internacionales a recibir a Paramore un grupo de rock de moda entre los jóvenes. Cuando de momento vi que venía Nelly mi novia primero corriendo y un poco más atrás venía Karina la pequeña más carismática que me animo a decir que tiene Bogotá. Ver a Nelly fue algo bonito tenía 3 meses de no verla y sentir sus flacos brazos rodearme fue una experiencia indescriptible es de esas cosas que solo se sienten y no tienen traducción en palabras, me abrazo la vi a los ojos buscando si existía ese mismo brillo en sus ojos como la última vez que la vi y descubrí con alegría que aun estaba allí intacto y sentí un gran alivio, mi bella aun me amaba igual.
Ver a Karina para mi representaba también una alegría enorme no hubo nadie además de Nelly que estuviera más pendiente de mi viaje, ella además que se convirtió junto con Marthica las fans favoritas de mis humildes escritos. Con Karina el vinculo es largo data de más de 7 años desde que vi a aquella chaparrita y en ese entonces gordita lavando platos en Camagüey y posteriormente en Santa Clara donde se fundió nuestras vidas en una bella amistad.
Luego del efusivo reencuentro y no sin antes hasta yo esperar el arribo de Paramore quien a decir verdad no sabía ni remotamente que existían nos fuimos al Centro Comercial "La Gran estación" a beber sendos vasos de cerveza de barril, deliciosa por cierto sabían literalmente a gloria, eran como la recompensa de un viaje cansado pero de enriquecimiento personal sin precedentes.
A la que más llevo en mi mente en este momento es a Nora, la señora de la que hablé en el capítulo de "Nora la Soñadora" imagino y puedo oler lo que ella sintió al bajar de ese bus en Costa Rica, y aquí estoy yo dos fronteras más adelante en la misma circunstancia. El difícil sentimiento de un inmigrante lo llevo en la sangre y aunque mi éxodo no fue ni la centésima parte de un inmigrante al norte he podido sentir en carne propia la revolución de sentimientos que emigrar hace florecer.
Termina este anecdotario aquí, pero no dejaré de escribir no se en que trinchera será pero la manifestación escrita es mi pasión y de alguna manera estará presente en mi vida, preparo algo para que todos puedan leer a los que le ha gustado mi forma de ver la vida les agradará mi nuevo giro narrativo.
Quiero agradecer enormemente a todas las personas que tuvieron a bien leerme durante todo mi viaje, en espacial a Harold, Mayra, Marce, Juliana, Karina, Marthica, Nelly, Dulce, mi hermanito Rudy, Diani, Mario, Liz por solo mencionar los que me comentaron algo pero extiendo mi agradecimiento a todos los que se tomaron el tiempo de leer aunque sea un par de capítulos, para todos ustedes un abrazo enorme y la promesa de seguir con esta iniciativa de la narrativa.
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.
César Ricardo Cano Lemus
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