Llega la hora de despedirme de la Ciudad de Panamá, y sin duda del que más me duele despedirme es de Manuelito, el hijo de Vanessa y Anael, con este bebe de 3 años hicimos click, nos llevábamos muy bien, es un niño con un ángel hermoso, en ocasiones lo abrazaba y cerraba los ojos como de deseando que fuera mi pescadito.
También es triste dejar los amigos, Vanessa y Anael me trataron espectacularmente, nunca tendré cómo agradecer todas sus atenciones. Además es triste también despedirse de doña Ana la mamá de Anael, ella era la encargada de hacer dichoso mi paladar con exquisitas comidas que devoré todos estos días por acá.
Adiós amigos, que se nuestro Dios que los bendiga y les multiplique en felicidad toda su hospitalidad.
LO QUE VIENE
Salgo en la madrugada a Playón Chico, como ya expliqué antes en la costa atlántica de Panamá. Lo más difícil es hallar la forma de conectar con Puerto Obaldía porque ya desde allí las lanchas hacía Capurganá son diarias y desde Capurganá a Turbo también son diarias.
En teoría dos días deberían ser suficientes para estar en Turbo, eso ya en territorio colombiano, mi presupuesto a estas instancias del viaje ya es precario, debe alcanzarme raquíticamente para transporte hasta mi destino final y comer algo, así que si toca pernoctar en algún lugar deberé hacerlo en el Hotel Macarena (la playa).
No todo es malo con este cambio de planes, podré ver de cerca playas casi vírgenes y conocer en alguna medida la cultura Kuna Yala, que por cierto son la población indígena mayoritaria en Panamá. Trataré de hacer un análisis comparativo de sus costumbres con la de los indígenas en Guatemala, a primera vista puedo decir que sus tejidos son igualmente coloridos aunque menos elaborados que los textiles mayas, pero en cuanto su cultura aun no se nada.
En este paso que estoy por iniciar lo que más me duele es no poder llevar cámara, porque estoy seguro que las vistas que tendré serán paradisiacas. No obstante prometo ver y fijarlas en mi mente y poder describírselas hasta con los más mínimos detalles por esta vía.
A estas alturas ya el temor cedió y empieza a correr la adrenalina de enfrentarse a lo desconocido, a ver cosas que jamás pueden verse en una ciudad. Muchos me dicen loco, y en cierta manera lo soy, pero un loco diferente, un loco que va descubriendo la tierra que tanto ama, abriendo cajas de pandoras lugareñas y cogiendo lo bueno que sale de ellas y enfrentando lo malo, aprendiendo para mi vida y sobre todo viviendo la aventura de no ser un ente estático aprisionado a estrés de la cotidianidad apresadora y absurda.
No creo que pueda escribir hasta Puerto Obaldía, así que será un adiós parcial, espero que cuando vuelva a escribir sea para decirles que ya estoy en territorio colombiano o por lo menos listo para cruzar la frontera, la última frontera ya pasé cinco y solo falta esta.
Todo saldrá bien, estoy seguro, voy de la mano de Dios que me protege, así que no hay nada que me pueda pasar. Seguiré mi ruta:
“HASTA LA VICTORIA SIEMPRE”.
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