martes, 15 de febrero de 2011

NORA LA SOÑADORA

NORA LA SOÑADORA

Hace ya dos horas que pasamos la frontera de Costa Rica, sentí la necesidad de escribir. Al lado mío viene Nora una señora nicaragüense de 38 años, mamá de Génesis y Horacio, viene desde su natal Masaya al sur de Managua rumbo a San José en Costa Rica, es una de muchas personas nicas que emigran hacia el sur también, buscan una mejor vida en Costa Rica. Génesis tiene 16 años y Horacio tiene 11, viven en Managua con la mamá de Nora quien está muy enferma. Le pregunté a Nora que cual era su sueño, qué es lo que espera a largo plazo,  su respuesta fue tajante: “Quiero que mis hijos logren lo que yo no alcancé, ellos son  los amores de mi vida” contener una lagrima en mis ojos fue bastante difícil pues hace unos días al partir estaba escribiendo precisamente sobre la vocación de una madre. Según la misma Nora me contó ella ya no vive para ella, ella vive y ve por los ojos de Génesis y Horacio, quiere que vallan a la Universidad y sean personas de bien. Me pregunto cómo los  estadounidenses pueden pensar que un inmigrante es un delincuente, como Nora hay millones de  historias nobles en todo el mundo, historias de inspiración, de dedicación y de consagración. Me dice Nora que su mamá está muy enferma y que además de querer que sus hijos sean profesionales quiere que su mamita viva tranquila sus últimos años, esta afirmación me impactó mucho, la serenidad con la que Nora habla es digna de un gladiador, su lucha titánica ante las adversidades y los desprecios en Costa Rica con el único fin de que sus seres queridos salgan adelante.
Historias como la de Nora se da a diario allá en la otra frontera en la del norte, allí donde los sueños se despedazan en la cantidad de patadas que da un oficial de inmigración a los soñadores de una vida mejor. Un inmigrante es bondad, un inmigrante cruza montañas y desiertos en un éxodo doloroso con el fin de que ese dolor por medio de la alquimia soñadora logre convertirse en bienestar a su familia. Le pido a Dios que bendiga a Nora y le haga cumplir sus deseos y logre a cabalidad sus sueños.
Le comenté a Nora que yo también soy un inmigrante, que voy más allá del horizonte, que mi dolor también lo llevo en el corazón y que llevo el pesar de dejar atrás a la gente a quien amo, mi familia y hermanos. Le dije que llevo su mismo sueño: Quiero que mis padres logren disfrutar en algún momento tanto sacrificio que ellos  han hecho.
He visto por las ventanas del bus tantos árboles como estrellas en el cielo, he visto tantas casas como sueños tengo. Y como sueños tiene Nora y tienen todos los inmigrantes de este mundo patas parriba.
Seguiré contando los arboles y las casas en definitiva faltan muchos árboles y casas hasta Bogotá.

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