lunes, 28 de febrero de 2011

VALLEDUPAR





Hace ya algunos días que no escribo pero en realidad las fuerzas ya no son las mismas. Estoy en Valledupar, capital del departamento del Cesar en la costa colombiana. Llegué hace ya tres días después de un largo viaje desde Capurganá. Aquella mañana salí a las 7:30 AM desde Capurganá a Turbo en una lancha donde veníamos 34 pasajeros contando los dos perros de la francesa. Llegamos a Turbo hacia las 11:00 AM, el viaje no es que sea tan largo pero casi llegando a Turbo la lancha se quedó sin combustible y tuvimos que esperar un buen rato a que se la llevaran afortunadamente estuvo nublado y no nos castigo el sol durante el viaje y la espera. Turbo es una ciudad fea, la cantidad de suciedad que hay en ese muelle es impresionante, y tiene una peste casi insoportable prácticamente en toda la ciudad puede sentirse un fétido olor a alcantarilla.  Al llegar me puse en mi labor de cobro, menos mal que no tuve mayor problema con eso, todo me pagaron casi inmediatamente llegamos.  Emprendí viaje entonces hacia Valledupar mi siguiente destino. A diferencia de mis anteriores días la oferta de transporte era amplia y competitiva. Salimos en un pequeño bus con dos de los franceses sus perros y yo, con destino a Montería lugar donde debíamos conectar con sus respectivos destinos ellos van hacia Cartagena y yo hacía Valledupar, quería pasar a Cartagena pero ya mi presupuesto definitivamente expiró.  Llegamos a Montería alrededor de las 5:30 PM un poco atrasados pues tuvimos que esperar a conectar con otro transporte  ya que por el duro invierno pasado se desplomó un puente en las inmediaciones del camino. Mis compañeros se despidieron de mí y siguieron su camino hacia Cartagena en un bus que los esperaba en la entrada de la ciudad, por mi parte seguí derecho a la terminal de buses a la cual llegué a las 6:00 PM y logré alcanzar el último bus que va hacia Valledupar y Maicao de la empresa Copetran que partió a las 6:30 PM, llegué a Valledupar reventado de cansancio a las 3:00 AM pero contento de poder reencontrarme con mi hermano Hamel, amigo con el cual pasamos muchas vivencias en Santiago de Cuba, desde las más alegres hasta las pasadas de hambre más ásperas que un estudiante extranjero puede pasar en otro país. Llegó el esperado encuentro después de 5 años de no vernos y fue muy emotivo. Hamel Llegó con su esposa María Patricia a la cual saludé como si la conociera a ella hace años también pues hemos tenido comunicación eventualmente por internet. Después de contarles la historia del  viaje, más que todo la de la Comarca llegamos a las casa de los papás de Hamel donde nos recibió cariñosamente Don Beto y Doña Ana, quienes serán mis anfitriones y que los conozco desde Cuba pues llegaron a la graduación de Hamel.
Ya han pasado 3 días de mi llegada y he disfrutado mucho de mi estancia aquí, he visto a casi todos los amigos de Santiago de Cuba y ver que están tan bien es una alegría enorme.
Valledupar es una ciudad alegre, de personas cariñosas y hospitalarias. Sus principales avenidas están adornadas con arboles a los lados que brindan sombra que el peatón agradece pues el sol es intenso, casi tan intenso como el carisma de los vallenatos. Se respira música por toda la ciudad como es lógico en un lugar que se respira y exhala los ritmos de uno de los más representativos géneros musicales de Colombia: El Vallenato.
El  rio Guatapurí es hermoso, sus aguas son frías y cristalinas, previenen directamente sin intermediarios de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Aquí en esta ciudad sí que saben recibir a un visitante, he estado embriagado no solo de licor sino de fiesta también, los carnavales de Valledupar son un derroche de color y cultura vallenata, cada barrio de la ciudad presenta una comparsa con el tema de su elección, el único requisito es el color. Los espectadores no fuimos solo eso, fuimos parte del carnaval también pues se inició una férrea batalla entre espuma y maicena que le deja a todo el mundo la piel blanca y el pelo canoso, desde los más pequeños hasta los más grandes se divierten lanzándose todo tipo de menjunjes en el cuerpo.
Agradable estancia en un lugar al que siempre había soñado venir y que ha llenado todas mis expectativas.
Mañana salgo para Bogotá y no deja de darme nostalgia el término de esta aventura que ha sido una verdadera lección de vida.

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