Estoy ya a pocos kilómetros de la frontera de Panamá, hace como una hora que el bus pasó por la localidad de Pérez Zeledón. Los paisajes desde que salimos de San José han sido muy bonitos, mucho más que los de la frontera de Nicaragua a San José, pero de manera general desde que salí Costa Rica me ha regalado los más bonitos paisajes, es sin duda este país la capital ecológica de Centroamérica.
No pude disfrutar de mi estancia en este país tanto cómo hubiera querido pero de todas la frontera Panamá es la más exigente y también la que más plata saca. Se me fue mi breve estancia por estos lares en arreglar problemas puramente burocráticos pero indispensables para poder pasar a Panamá y seguir con mi ruta. Tercera vez que he estado en Costa Rica y todavía no me la he gozado como se merece este lindo país.
Lo que más me dolió fue no haber podido hablar mucho con la gente, que es allí donde descansan las historias más espectaculares, historias que ni James Cameron pueden darnos.
Descansé en un bonito Hotel: El Hotel CACTS, muy cerca de la terminal de Ticabus y muy cerca de todo lo bonito del centro de San José, en realidad se los recomiendo, no es tan barato, pero si necesitan hacer una parada técina y de reposición de fuerzas este hotel llena todas las expectativas: full internet, piscina, tranquilidad, dos cuadras de ticabus y absolutamente todo a la mano.
El personaje más pintoresco, amable y definitivamente honesto que conocí aquí fue Pedro el maletero de Ticabus, lo conocí debido que para variar dejé olvidado mi bolsa con todos mis documentos en el maletero del bus (hasta ese momento no sabía enque parte), le dije y el abrió el maletero y lo encontró, con lo ciego que me tenía la desesperación pudo haberse robado la bolsa con 500 usd que iban dentro pero en cuanto lo encontró dio soberbio grito de alegría: “Muchacho aquí está” y de ese modo Pedro acabó con los 5 minutos de mayor angustia del viaje. Pedro es maletero, como dice el mismo. "es nacido, criado y trabajado en Costa Rica", platicamos un poquito antes de partir el bus, luego me dio un abrazo como si fuera un hijo suyo el que se montara al bus, me ubicó con la mirada en el asiento que estuve y me hizo ademanes recomendándome tener mucho cuidado y tener ojo puesto en mi papales. Así somos los latinos tenemos la capacidad infinita de regalar cariño.
La carretera de Costa Rica a Panamá nos ofrece del lado tico otra muestra de exuberante belleza natural, a una hora de la frontera del paso Canoas, la civilización se une con lo natural al serpentear juntos una montaña un hermoso rio y la carretera panamericana, un espectáculo sin precedentes en este viaje, muy bonito.
El mayor contratiempo del viaje fue el haberse roto el silenciador del bus, eso nos retrasó alrededor de una hora, en medio de la nada, afortunadamente para todos en medio de la nada había un taller mecánico como que supieron donde poner estratégicamente el chuzo, no creo que sea casualidad.
Así salí de Costa Rica, despedí una ciudad hermosa y de gente amable. Mi destino es el último país centroamericano antes de adentrarme en la espesa selva del Darién, mentiría si digo que no me da algo de temor, pero ya llevo muchos kilómetros recorridos como para echarme para atrás.
Adiós Costa Rica, PURA VIDA!!!
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